En la Biblia encontramos una de las mayores
proezas que marcó un antes y un después. Este personaje tomó valor,
dejando a un lado las excusas, el dolor físico y lo que para
muchos es valioso, su vida; lo mejor de ese acto fue que en ningún
momento se rehusó, al contrario la obediencia y la sujeción a su padre
hizo que ese acto de amor y misericordia hiciera eco en cada vida presente. Hoy
día recordamos ese hecho como la mayor proeza que marca cada área de
nuestras vidas. JESÚS, ese es su nombre.
Él nos enseñó a través de
ese suceso que amar no es sólo un sentimiento sino que debemos actuar para
demostrar ese amor. Si llevamos esta reflexión a nuestro día a día, podemos
pensar en cada una de las veces que sentimos hacer algo pero por miedo u otro
motivo no nos arriesgamos; ese es el punto a donde Dios nos quiere llevar
porque de Jesús su hijo aprendimos que arriesgar o entregarlo
todo no es perder sino ganar, cuando hablo de ganar me refiero a la
recompensa celestial ya que como dice su Palabra
“Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar “Mateo 6:20 NTV.
“Almacena tus tesoros en el cielo, donde las polillas y el óxido no pueden destruir, y los ladrones no entran a robar “Mateo 6:20 NTV.
¡No tengas miedo y decídete a lograr proezas!
Al igual que los héroes de la FE (Hebreos 11) TU fuiste creado(a) para GRANDES proezas, así que debes dejarte guiar y transformar.
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